Bosch comunica al comité de empresa la intención de cerrar la planta de Lliçà d'Amunt en Barcelona

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La dirección de la planta de Bosch en Lliçà d'Amunt (Barcelona) comunicó ayer a la representación legal de los trabajadores su intención de cerrar esta fábrica. Sumado al cierre de la planta de Castillet i la Gornal (Barcelona) supone que irán a la calle un total de 600 familias en Cataluña, 300 de Castellet y 336 de Lliçà.

UGT FICA denuncia que, en ambos casos, la multinacional alemana ha actuado con crueldad, llevando a término una política insolidaria y egoista muy lejos de los valores que como "fundación" defiende. Desde hace años, las plantillas de las fábricas de Lliçà y Castellet han llevado a cabo importantísimos esfuerzos -congelación y reducción salarial, reducciones de la plantilla, etc. para hacer más atractiva la continuidad y la actividad industrial de estos centros. Bosch no ha sabido dar valor a estos esfuerzos y ha optado directamente por una deslocalización sin escrúpulos, su principal opción de negocio.

UGT FICA denuncia que la multinacional ha quedado en manos de una nueva geréncia tecnocráta que, con gran hipocresia, no ha temblado a la hora de tomar una decisión de este calado:, acabando con la última gran empresa de esta embergadura del sector del metal en la comarca del Vallés (Barcelona). Además contribuye también al alarmante estado de desindustrialización de la comarca del Penedés con el cierre de la planta de Castellet, y supone una clara declaración de intenciones para el resto de centros del país. Como muestra de esta manera de funcionar, también hace falta remarcar los últimos despidos de la sede central en Madrid.

La plantilla de Bosch ha hecho esfuerzos considerables en el tiempo para buscar la competitividad de las plantas y poder sobrevivir, pero el grupo Bosch ha aprovechado la pandemia mundial para sacarse de encima a centenares de familias, demostrando que su política industrial solo se mide por los beneficios a corto plazo, para poder revertirlos en otra áreas donde obtener más beneficios, sin importarles ni lo más mínimo el impacto social que pueden comportar sus decisiones drásticas a corto y medio plazo.

Con la decisión comunicada ayer, el grupo alemán, transferirá la producción que estaba asignada a la planta del Vallés a Wroclaw (Polonia). Una deslocalización sin paliativos, que pone en evidencia la política industrial de un grupo alemá, que se vanagloria de sus excelencias con el lema «We are Bosch»