El futuro de nuestra economía pasa por impulsar la ciencia y la tecnología

Más de una década de constantes recortes de inversión pública y privada en ciencia, innovación y desarrollo, están condicionando de manera relevante nuestra capacidad de respuesta.


Actualmente, nuestro país se encuentra peor preparado que la mayoría de los países de nuestro entorno o económicamente equiparables. Cuando regresemos a la normalidad, estaremos obligados a impulsar la inversión en I+D+i, TIC y nuevas tecnologías y promover la formación como un activo estratégico y competitivo.

Además de las evidentes consecuencias que han tenido los recortes económicos en sanidad, educación o dependencia, la crisis del Covid-19 está poniendo de relieve la mala planificación tecnológica de gobiernos, Administraciones Públicas y empresas.

Ante el reto social, laboral y económico que supone la mayor crisis sanitaria en decenas de años, nuestro país se encuentra peor preparado que la mayoría de los países de nuestro entorno o económicamente equiparables.

En términos de ciencia, innovación e I+D, más de una década de constantes recortes en inversión pública y privada, están condicionando de manera relevante nuestra capacidad de respuesta.

Las consecuencias de esta situación, iniciada en 2008, la sufren nuestros científicos e investigadores, con cada vez menos medios para buscar vacunas, nuevos tratamientos o soluciones innovadoras para la construcción de equipo sanitarios. Los recortes han sido tan profundos y continuados que, en 2019, los recursos humanos dedicados a I+D era el mismo que en 2008.

Impulsar la inversión I+D+i y TIC

La inversión en innovación, aspecto clave para enfrentarse a esta dramática situación, es ahora la misma que hace 12 años. Ambos factores nos relegan a los últimos puestos mundiales en indicadores de innovación o I+D. Ahora sufrimos las secuelas de gobiernos incapaces de ver el futuro de nuestra economía en clave de ciencia y tecnología como factor diferencial y de competitividad.

Otro tanto es aplicable a las empresas, que ahora comienzan a comprender la necesidad de invertir en tecnologías de la información o de la comunicación (TIC), imprescindibles en el presente. Sin embargo, la inversión en TIC en las empresas españolas se redujo un 25% entre 2019 y 2018, situándose por debajo de la realizada en 2016.

No menos censurable es el apartado referente a la preparación digital de nuestra fuerza laboral, claramente desfasada en comparación con nuestros vecinos europeos.

Promover la formación continua en los centros de trabajo

En un momento como el actual, en donde el Teletrabajo ha adquirido el carácter de esencial para la continuidad de nuestro tejido productivo, un 30% de los ocupados españoles no sabe mover o copiar un archivo en un ordenador; casi un 20% no sabe enviar un correo electrónico. A pesar de que el 99% de nuestras compañías dispone de conexión a Internet y ordenador, sólo un 60% de las personas trabajadoras tenían acceso a un PC y únicamente un 30% tenía acceso a Internet con dispositivos proporcionados por la empresa.

Los motivos están directamente relacionados con la formación en el puesto de trabajo: hasta 2019, once millones de personas trabajadoras no se formaron nunca en nuevas tecnologías en España; el 77,6% de las empresas españolas nunca forma a sus empleados en competencias TIC y sólo el 4% de las microempresas da formación digital a sus trabajadores. Estas carencias son achacables tanto a empresas como a las AAPP, por no articular y promocionar la necesaria formación continua en los centros de trabajo.

Una digitalización responsable

UGT llama a gobiernos, AAPP y patronales a recapacitar sobre su responsabilidad. Recortes en I+D+i, mínima inversión en TIC y nuevas tecnologías, ausencia de mentalidad para entender la formación como un activo estratégico y competitivo. Todo ello conforma una nefasta gestión que, cuando regresemos a la normalidad productiva y social, estaremos obligados a revertir.

El sindicato llama a elaborar, entre todos, una futura Digitalización responsable, donde la inversión, el empleo de calidad y la formación continua sean ejes para conformar un nuevo tejido productivo de alto valor añadido, moderno, tecnológico y anticíclico. Debemos aprender de nuestros errores para construir una economía más fuerte, una sociedad más cohesionada y un mundo del trabajo con más y mejor empleo.